lunes, 9 de marzo de 2015

Los recuerdos

Jeanne Damas

Yo sé poco de ciencias. Poquísimo en realidad. Y sé tan poco sobre el funcionamiento del cerebro como poco sé sobre física cuántica. No obstante, que no sepa no significa que no me interese por ello ni me intrigue cómo funciona el mundo. Entre otras cosas, me fascina cómo funcionan los recuerdos. Por qué recordamos unas cosas y no otras. Por qué recordamos ciertas cosas con mayor nitidez que otras. Por qué momentos que nosotros consideramos importantes nuestro cerebro en realidad no los procesa como tal.

Algunas noches, cuando no puedo dormir, recupero ciertos recuerdos. En concreto, vuelvo a mis meses en Lyon, hace ya cuatro años.





Me recuerdo en mi habitación, sentada en esa mesa que lo mismo me servía para comer que para estudiar o para hablar por Skype. Me veo a mí misma poniéndome el abrigo (porque allí hacía mucho frío), calzándome y saliendo al pasillo. Recuerdo ese pasillo, esa moqueta horrible que debía atravesar para salir al rellano. Recuerdo los ascensores, siempre ocupados. Me veo cogiendo por fin el ascensor y musitando un Bonjour (fuera de día o de noche) a los cuatro o cinco chinos que, no me preguntéis cómo, siempre había dentro. Recuerdo atravesar el hall de entrada y salir a la calle.

Y entonces veo con claridad la plaza de la Guillotière, y su gente. Recuerdo oír mucho árabe y poco francés. Recuerdo ver el tranvía cruzar la Rue de la Liberté camino de la Part-Dieu. Veo vestidos de novia en la calle. Pero no vestidos de novia como estos, sino unos vestidos de novia tan cutres que no podría definirlos. E indios. También veo indios. Y, casualmente, esto es lo que menos claro veo.

Luego me veo a mí misma cruzando la calle camino del puente de la Guillotière. Recuerdo el carrusel que había justo a la entrada del puente, y las gradas de la ribera. Y entonces me veo cruzando el puente y parándome a mitad para contemplar el Ródano en toda su grandeza. Con la Croix Rousse al fondo a la izquierda, en lo alto, el Hôtel-Dieu justo al otro lado del río, las riberas verdes a ambos lados, pero sobre todo en el derecho, los barcos que eran discotecas cuando hacía buen tiempo. Y sigo caminando. Todo recto. Tout droit. Hasta Bellecour. Y luego la cosa se vuelve más borrosa porque los caminos se bifurcan. Hacia la izquierda, Perrache. Hacia la derecha, la Rue de la République y la Ópera. Y al frente, majestuosa, al otro lado del Saona, la basílica de Fourvière.

Y me quedo dormida.



Y al día siguiente me pregunto por qué recuerdo con tanta nitidez esos paseos por Lyon, cómo soy capaz de recorrer mentalmente una ciudad que apenas transité durante unos meses. Y entonces pienso que a lo mejor es verdad que recordamos mejor esos lugares, momentos, personas, que nos han hecho felices, esas experiencias que hemos vivido más intensamente porque sabíamos que algún día terminarían.

Y me doy cuenta de que a lo mejor esa es la clave: vivir cada momento disfrutándolo, exprimiéndolo al máximo, saboreándolo, como si supiéramos (porque en realidad lo sabemos) que algún día se acabará.


13 comentarios :

  1. Un texto precioso!!!
    Yo también a veces me evado en algún recuerdo. Muchas veces, cuando estoy un poco perdida y no sé que hacer, cierro los ojos y viajo a ese recuerdo. También suelo guardar recuerdos en olores, sonidos, texturas... y cada vez que recurro a ello vuelvo a sentir la emoción y el sentimiento de ese recuerdo.
    El mundo de los recuerdos es todo un misterio!

    Un beso

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  2. Un post encantador, Marta! Los buenos y felices recuerdos es lo mejor que uno puede tener! :D

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  3. Me he sentido muy identificada con mi erasmus en Roma hace ya más de 10 años. Yo recuerdo el papel pintado cutre de mi habitación compartida, la colcha de mi cama, el suelo de baldosas de colores, el asfalto destartalado de la acera y el olor de pizza al taglio de la calle de enfrente intacto como el primer día.
    Seguro que como para tí, quizás el mejor año de mi vida. Un beso!

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    1. Qué bonito! Solo con tu descripción ya he vuelto a Roma por un instante (y te lo agradezco porque es una ciudad que me encanta ;)

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  4. Que buen post Marta, recuerdos.... momentos vividos que no queremos, ni debemos olvidar, un beso

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    1. Exacto, que no queremos ni debemos olvidar. Un abrazo, Elena!

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  5. he dedicado un ratito a leerte, que a gusto vuelvo a trabajar ;)

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  6. Lo de los recuerdos es muy curioso..yo a veces no me acuerdo qué comí ayer, pero sí del viaje a París que hice con mi hermana en 2006! Sus calles, el olor a croissants, el metro...Al leer tu post me han venido a la mente estos recuerdos. :)
    Un abrazo!

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    1. Son cosas intensas, que nos marcan, por eso las recordamos.

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